Las organizaciones juveniles han realizado una serie de reflexiones que complejizan el diálogo como ejercicio político. Primero, tienen claro que se necesita construir espacios horizontales y seguros en los que todas las voces sean reconocidas como interlocutoras válidas. Para lograrlo hay que realizar dos tareas:

  1. Revisar las dinámicas de poder dentro de los movimientos sociales y los distintos espacios de diálogo.

  2. Hacer evidentes algunas creencias que nos podrían impedir escuchar activamente a las demás personas. Algunas de ellas pueden ser el racismo, la misoginia, el adultocentrismo o la homo-lesbo-transfobia.

Diálogo como ejercicio político -CREAR Escuintla

Esta es una situación que afecta particularmente a las feministas jóvenes y a la población LGBTIQ. Los colectivos señalaron que dentro de los movimientos sociales en Guatemala existe un nivel de resistencia que no permite entender las demandas de estos sectores como luchas políticas válidas y urgentes.

Estos procesos, aunque de vital importancia, no siempre resultan cómodos. Aún así, es necesario que los movimientos sociales sean capaces de reconocer en sí mismos las prácticas que señalan y condenan en otros sectores. Esto no solo los fortalece, sino que los convierte en espacios seguros para todas las personas que participamos en ellos y hace de la lucha por una vida digna un ejercicio político coherente. 

Para muchas de las organizaciones, el diálogo implica también reconocer los conocimientos que todas las personas poseemos y podemos aportar.

Encontrar los puntos de encuentro, articulación y aprendizaje con ellas fortalece el quehacer de las organizaciones y permite que se profundicen las lecturas.

El diálogo intergeneracional es otra herramienta importante para las juventudes politizadas. Éste les ha permitido reflexionar sobre los cambios y adaptaciones que deben existir en las máximas que motivan la organización política contrahegemónica en Guatemala. Este grupo de líderes, liderezas y activistas ha decidido significar su lucha alrededor de la alegría, la vida y la esperanza, distanciándose así de algunas de las posturas de generaciones anteriores.

Es importante señalar que estos colectivos reflexionan constante y activamente sobre tácticas que permitan construir espacios atractivos y cercanos para personas no politizadas. Parten del reconocimiento de que la participación política en Guatemala es una práctica sobre la cual recaen estigmas y violencias. A partir de ahí, se preguntan cómo hacer para construir espacios en los que las causas políticas transformadoras resuenen emocionalmente con la población no politizada y les inviten a sumarse a ellas. También, se cuestionan sobre los factores necesarios para construir dinámicas seguras que inviten a las personas a hacer preguntas y tener aprendizajes políticos. Estas son tareas que, muchas veces, cuestionan nuestras creencias o identidades.

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