Compartamos el fuego

A lo largo de la vida, el fuego acompaña los rituales que aprendimos para reproducir la existencia. Delimitar todas sus manifestaciones es imposible; cada pueblo y cada persona lo vive, otorgándole un significado distinto.

Hoy, estas palabras surgen desde una comunidad que, en las brasas, llamas y chispas, encontró las fuerzas que mueven los engranajes de la resistencia y sus encuentros.

Antes de secarse al sol y dejarse amarrar, para convertirse en sandalia, canasto o petate, el Cibaque es el corazón del Tule. Planta que crece alrededor del agua y está presente en los relatos que el pueblo K'iche' conjuga al narrar el origen y la formación de los territorios que nos habitan y habitamos. En el Popol Wuj específicamente la traducción de Sam Colop se nombra al sibaque desde una energía femenina.


Acá, dos metáforas se encuentran. Cibaque y fuego se entretejen, convocando al 4to Encuentro de Pensamiento Político Emergente. Comunidad que, en medio de un sistema racista, heteropatriarcal, clasista y fundamentalista, reconoce la necesidad de articular espacios seguros que permitan (re)pensar y cuestionar las relaciones de poder (públicas y privadas) que nos atraviesan el cuerpo, la memoria, el deseo, la conciencia y la inconsciencia...


Evitando la romantización de los procesos de organización, reconocemos que es trascendental problematizar dichos procesos, ya que solemos replicar muchas de las opresiones y represiones en contra de las cuales nos organizamos. Elementos que deben coincidir al momento de reivindicar lo comunitario, en medio de los paradigmas individualistas con los que se nos adoctrina. Durante las últimas semanas, 54 organizaciones nos hemos reunido alrededor del fuego. Un fuego que convoca, acompaña, escucha y aconseja.



Aunque el Estado Nación de Guatemala intente el secuestro, tortura y la desaparición de nuestras esperanzas, ¡otros mundos son posibles! Fuera de esta realidad feudal, capitalista, neoliberal y jodida, comunidades, colectivos y colectivas se organizan históricamente para sostener y proteger el equilibrio de la vida. De ahí la certeza, quizás la única certeza, de que podemos cambiar la historia, incluyendo sus presentes y futuros.


Frente a la oscuridad, junto a la incertidumbre, en medio de las revoluciones, desbocado sobre cada atardecer, enredado entre los volcanes y nuestros corazones, el fuego siempre ha estado presente, organizando la rabia e incendiando nuestros corazones. Sin embargo, no todos los fuegos reproducen la vida. Algunos causan dolor, pérdida e impotencia, especialmente cuando son utilizados por los poderes hegemónicos, para sus fines crueles y mezquinos. Nos faltan 56 niñas, todas las víctimas del conflicto armado interno, líderes y lideresas comunitarias, ojos izquierdos y derechos, miles de hectáreas de bosque, especies animales extintas y, ante todo, el derecho de vivir en paz.


Acá termina un ciclo pero empieza otro. Gracias a todas las personas que permitieron que el Cibaque 2020 fuera posible, pese a la pandemia, dos tormentas tropicales y el universo de desigualdades que nos acechan. No podemos olvidar que heredamos un corazón que arde. Un fuego que trasciende los límites del tiempo lineal y occidental. Un fuego que debemos cuidar y compartir, como se comparte el pan, la mesa, la ternura, el camino, el amor, las esperanzas, las opresiones, la resistencia y la lucha.


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