Pensándonos para volver a arder

Actualizado: oct 24

"El Cibaque es el corazón de un árbol y, como todo buen corazón, nos une a otros y otras. En ese amarre de sentires y complicidades están de por medio nuestras luchas, que son los caminos reales por los que transitan nuestros sueños hacia realidades más justas y dignas." -Manifiesto Cibaque 2019

El año pasado cerramos el encuentro Cibaque con estas palabras y con la promesa de formar una comunidad política, capaz de pensar conjuntamente los caminos que transitamos. Ahora, en el Cibaque 2020, asumimos la metáfora del fuego, como el lugar y el tiempo que nos convocan a contar nuestras historias, intuyendo un fuego ardiendo detrás de cada brasa.

Tres años después de su concepción, el Cibaque se define a sí mismo como un encuentro de pensamiento político emergente. Un encuentro desde el cual nos volvernos testigos y narradoras de nuestros pensares, sentires y de los caminos políticos que transitamos.

¿Entonces, qué es hacer pensamiento político emergente? Para nosotras, es pensar en colectividad, desde la puesta en común de nuestras voces, palabras y experiencias. Es un diálogo que cuestiona el acto de pensar en solitario, sin el cuerpo, emociones y experiencias que parten de un lugar y un tiempo. Ese mismo pensar tan rígido es el que ha reproducido históricamente las desigualdades e injusticias que nos duelen, ya que no reconoce la posibilidad de otras experiencias, corporalidades y territorialidades.


Para nosotras, el pensamiento político emergente no es nada nuevo: “emerger” no se refiere a una novedad, más bien es un momento histórico, un encuentro -desde un territorio y corporalidad- que posibilita que algo emerja, como una piedra poma que se niega a hundirse en la mar y flota, ¡emerge! Ese algo no se refiere únicamente a la palabra que se convierte en la memoria del encuentro, trasciende hacia lazos que se afianzan en la complicidad y organización política. Ese algo es una memoria táctil, una experiencia, la historia que nos vuelve humanos y humanas.



Y es que la idea del Cibaque surge en el 2017, en un restaurante de desayunos y panqueques. Para mí, aquel recuerdo es una experiencia táctil y sonora: el tin-tin de los cubiertos acompañando el diálogo e intercambio de ideas, las sonrisas y el olor del café. En ese momento, solo tenía claro que el Cibaque era fruto de la intuición por encontrar rostros y voces distintas, a la vez reconocíamos como propias nuestras voces. Era la alegría de encontrarnos y ponernos a trabajar para cambiar nuestras vidas y contextos.


Ahora sé que el poder crítico y el corazón del Cibaque quedaron inevitablemente concatenados a la experiencia táctil, sonora y gustativa de ese desayuno. Al poder que se reúne alrededor de nuestras manos y palabras trabajando en conjunto; a la vida que se queda en los recuerdos.


Y así, durante los años que he acompañado al Cibaque, me gustaría pensar que todo lo que representa este Encuentro estuvo marcado por ese desayuno y que la garra con la que nos organizamos al rato huele un poco a café y a tortillas mañaneras.

Eso forma al corazón del Cibaque, para nosotras eso es pensamiento político emergente: la experiencia que se traduce al pensamiento y al cuerpo. Reconociéndonos como amarradores y amarradoras —cibaquistas—; como los seres que soplamos las brasitas para avivar el fuego, testigos de que la vida siempre puede ser más justa.


#Cibaque2020 #CorazónQueArde

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